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Más allá de las Columnas de Hércules

6 febrero, 2010

 

 

Abandonamos las costas de Libia sin tocar tierra; un furioso y caliente viento  nos entregó de nuevo a los dominios salados de Neptuno. La tripulación tenía los labios secos y el cuerpo lleno de llagas a causa del inclemente sol. Era un mes de nuestra partida de Samos.

Navegando al pairo, con el rumbo perdido por la niebla y las fuerzas al límite de la capacidad humana, sin agua, intentando gobernar un barco que parecía un cascarón de nuez en aquellas aguas blancas y arremolinadas, súbitamente surgió de entre las nieblas la visión. El cielo dejaba de ser negro poco a poco, y aparecían luces como de otro mundo.

Fue entonces cuando Kolaios, casi sin poder hablar por la emoción que embargaba todo su ser, dijo secamente:

Marineros griegos, ésta es la puerta de la casa de los dioses, arrodillaos y dad gracias…hemos llegado a las Columnas de Hércules.

Luego, todos nos abrazamos y lloramos de alegría, como niños.

– Α –

From → Comunicación

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