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A la libertad en globo -VI-

21 diciembre, 2009

Vuelo Nocturno.  La tarde del sábado 15 de septiembre, se desató una tormenta sobre los bosques cercanos. Luego se abrió la capa de nubes. Era una noche fría, con un cielo cuajado de estrellas e iluminado por la luna. El viento soplaba hacia la Alemania Occidental. Aquella noche parecía la indicada para el vuelo.

 Las dos familias salieron de Pössneck poco antes de medianoche y llegaron en automóvil a un claro del bosque, en Turingia. Lamentablemente, el fuelle bombeó aire frío en la floja cubierta del globo, extendida en el césped cual dinosaurio desinflado. Entonces, Günter, Doris y el joven    Frank Strelzyk, de quince años, mantuvieron abierta la boca del globo, mientras Peter abría al máximo el soplete. Con ayuda del fuelle, una lengua de fuego de unos quince metros penetró en la cubierta del globo, chamuscando en parte el cabello de Peter Strelzyk.

   En la orilla del claro, Petra Wetzel y los tres niños pequeños vigilaban con inquietud. Al cabo de quince minutos, el globo se alzó sobre ellos. La cuerdas desde la boca del mismo se tensaron hasta la endeble góndola. Günter encendió el quemador colocado entre cuatro bombonas de gas propano, y Peter lo hizo funcionar treinta segundos junto con el soplete. Fue demasiado. Calentado por dos llamas, el globo se estiró hasta el cielo.

   Peter Stelzyk gritó: “¡Subid! ¡Aprisa…aprisa! ¡Partimos!”. Todos saltaron a bordo. De pronto, la tela del cuello del globo se prendió al inclinar el viento peligrosamente el aeróstato.

   Sabían por sus lecturas lo que ocurre cuando se quema la cubierta de un globo. La enorme presión del aire caliente lanza al globo hacia arriba, a veces hasta centenares de metros; sólo cuando la cubierta se quema por completo caen a tierra la góndola y sus ocupantes. Günter apagó rápidamente la llama con un extintor, y él y Frank sacaron sus cuchillos y cortaron dos cuerdas. La estaca de la tercera cuerda fue arrancada del suelo, hiriendo a Krank y al pequeño Andreas Wetzel, de dos años. Günter cortó entonces la última cuerda. En seguida, la plataforma se niveló y la llama volvió a apuntar sin peligro hacia arriba. Su resplandor rojizo iluminaba los rostros de los ocho fugitivos en tanto se remontaba el globo de 750 kilos de peso. Reinaba el silencio en la plataforma, roto sólo por el siseo del chorro de gas mientras el aeróstato iba a la deriva en el viento.

(Continuará).

Fotografía: F. Gómez, canonistas.com
Texto: Jürgen Petschull. 1979.
Fuente: Selecciones R&D, Mayo 1980, pp 128-139; condensado
de Der Stern, 1979; © GMBH & CO, Hamburgo, Alemania.

A la libertad en globo -I-

A la libertad en globo -II-

A la libertad en globo -III-

A la libertad en globo -IV-

A la libertad en globo -V-

– ∞ –

From → Reportajes

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