Skip to content

Copenhague: hablarán nuestros hijos

7 diciembre, 2009

Recuerdo de niño el olor de una charca que un dia fue un río, en aquella España de 197…; por aquel entonces, ya se notaban los efectos de la contaminación en el frágil y desprotegido entorno natural semiurbano, donde no hacía demasiados años, y según me contaba un antiguo vecino del barrio, se podían pescar hermosos ejemplares de esturión.  Los años que más llovía, corríamos  ribera abajo bajo casi patinando por el barro, para ver como las viejas ruedas de neumáticos, reventadas, desechadas y arrojadas al río, aparecían y desaparecían en vaiven como cantos rodados a gran velocidad por el medio del cauce; en verano, cuando aquello se secaba, el olor a contaminación y muerte era intenso. 

   No había peces, ni ranas, ni flores, ni pájaros. No había vida animal, sólo vegetación en declive.  Kilómetros arriba, se vertían toneladas de residuos año tras año. Ahora, y tras décadas de esfuerzos e inversiones, el cauce se ha regenerado, las industrias que contaminaban han pagado o se han ido, las márgenes se han recuperado, y se han reintroducido especies autóctonas de flora y fauna, pero los que nunca volverán son los esturiones a desobar en su pequeño estuario, irremisiblemente desaparecido en una brillante obra de canalización, ni el recuerdo de un paraje robado a la infancia.

   Con la llegada de las industrias contaminantes a las riberas de aquel entorno urbano,  así como a otros tantos miles de ríos del mundo cercanos a las ciudades, llegó la contaminación del agua y los ecosistemas aledaños; allí mismo se podían verter nuestros errores de planificación. Donde hay dinero se han arreglado al albur del ecologismo, o intentado arreglar, o empeorado; donde hay miseria, más miseria.

   Grave consecuencia de esta contaminación primera del agua es la posterior del cielo. Algunas de las virtudes de este sistema energético demostradamente insostenible son el haber creado desasosiego en los agricultores, el generar movimientos de desplazados por los efectos del cambio climático,  o el ser capaz de provocar nuevos afectados por enfermedades derivadas de los gases contaminantes.

   La confirmación por parte de la Agencia de Protección Ambiental  de U.S.  que el CO2 y otros 5 gases invernadero son nocivos para la salud y el bienestar humano puede sentar las bases para limitar la emisión de CO2 por industrias, plantas de energía y automóviles en el país de referencia, así como en Canadá, Asia, América del Sur, Europa, Australia y Oceanía, lo cual sería un gran avance para no llegar en el 2020 a un incremento en la temperatura media del planeta de 2,5º, que podría  meternos de lleno en un nuevo momento del problema climático,  muy cercano a un desastre de imprevisibles consecuencias. De lo que hagamos de Copenhague hablarán nuestros hijos.

Fotografía: Gigi desde Flickr.

One Comment

Trackbacks & Pingbacks

  1. Bitacoras.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: