Skip to content

A la libertad en globo -III-

3 diciembre, 2009

Durante los meses siguientes , los dos amigos hicieron pruebas de resistencia al aire y al calor con diversas clases de telas, y por último se decidieron por un tafetán grueso. Esta vez fueron en coche a Leipzig para que la adquisición no despertara sospechas. Compraron ochocientos metros de tafetán, y dijeron a la vendedora que pertenecían a un club de aficionados a la vela.

   Una noche, Güntel Wetzel, después de conversar largamente con los Strelzyk, decidió abandonar el plan de huir en globo. Su mujer dudaba de que alguna vez fuera factible. Además, sabía que el globo volaría mejor con sólo los cuatro mienbros de la familia Strelzyk a bordo.

   Peter Strelzyk continuó trabajando sólo. Accidentalmente halló la solución al problema del quemador. Se dió cuenta de que con gas propano en forma líquida podía conseguir una llama más duradera y eficaz. En Junio de 1979 el globo de fabricación casera estaba  listo por fin. Ahora, lo único que necesitaban era buen tiempo.

   El martes 3 de julio, la veleta de la casa consistorial apuntaba al sur, hacia la frontera con la Alemania Occidental. A la once y media de aquella noche, los Strelzyk recorrieron unos veinte kilómetros en automóvil hasta llegar a un lugar solitario a diez kilómetros al norte de la “franja de la muerte”, que se extiende a lo largo de la linea divisoria entre el Este y el Oeste. En sólo cinco minutos inflaron el globo. !”De prisa, vamos”!, gritaba Peter. Y el globo se elevó con la familia Strelzyk balanceándose en su minúscula plataforma. Eran las dos de la madrugada.

   Durante 34 minutos, el globo voló, pero entonces se produjo lo inesperado. Una espesa niebla les envolvió y, debido al peso adicional del agua sobre la envoltura, el globo se precipitó hacia tierra. Cayeron en medio de un pinar. Los árboles rasgaron el aerostato pero suavizaron su aterrizaje.

   Doris y los niños se metieron entre la maleza y se ocultaron tra unos arbustos mientras Peter reconocía el lugar. A unos doscientos metros descubrió dos alambradas de unos tres metros y medio de altura, con una franja de tierra arada entre ellas. Era la temida “franja de la muerte” !Aún se hallaban en el lado Oriental!.

   Esperaban que, en cualquier momento, feroces perros y soldados aparecieran entre la espesura. Pero el único ruido que escucharon fue el de sus corazones al latir. Apiñados y temblorosos por el frío y el miedo, se ocultaron hasta que amaneció. 

(Continuará).

Fotografía: www.berlin.de
Texto: Jürgen Petschull. 1979.
Fuente: Selecciones R&D, Mayo 1980, pp 128-139; condensado
de Der Stern, 1979; © GMBH & CO, Hamburgo, Alemania.

A la libertad en globo -I-

A la libertad en globo -II-

From → Reportajes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: