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A la libertad en globo

2 diciembre, 2009

UN DRAMA DE LA VIDA REAL

 Donde quiera que la gente se sienta encerrada, no faltarán quienes intenten liberarse. En el transcurso de los años, centenares de personas se expusieron a perder la vida o ir a la cárcel en su afán de huir de la Alemania Oriental. En busca de la libertad se excavaron túneles, se franquearon barrerras de ametralladoras automáticas, incluso se buceó. Muchos lo lograron, otros murieron en los campos de minas o colgados de las alambradas de la “franja de la muerte” a lo largo de la frontera. Este es el relato de dos familias de la Alemania Oriental que en septiembre de 1979 construyeron un globo de aire caliente y se aventuraron en él hasta Occidente.

– α –

1. Alemania dividida, 1978

   ENTRE maizales, fértiles valles y obscuros pinares, las localidades de Pössneck y Naila son casi idénticas. Geográficamente, sólo 65 kilómetros separan a la una de la otra, pero, en lo político, sus habitantes no parecen pertenecer al mismo planeta.

   Las antenas de televisión, en los tejados de Pössneck, están orientadas hacia Naila, en la Alemania Occidental. Los 9.700 habitantes de Naila son libres, pero los veinte mil de Pössneck pertenecen a la Alemania Oriental. La televisión les recuerda constantemente que sus compañeros occidentales se encuentran en mucha mejor situación que ellos.

   El 7 de marzo de 1978, en su casa de las afueras de Pössneck, el ingeniero electricista Peter Strelzyk, de 35 años, estaba sentado en compañía de su amigo Günter Wetzel, de 22, albañil y camionero. Durante años, los dos -ambos casados y con dos hijos- habían tratado de hallar la manera de escapar a Occidente con sus familias. No podían pasar la frontera a pie, a causa de la “franja de la muerte”, donde ametralladoras controladas electrónicamente podía abatir a cualquier fugitivo con su fuego cruzado. De repente, Strelzyk, lo vió claro: “Nos iremos en globo. Günter, algo perplejo, le interrogó: muy bien, pero… ¿dónde vamos a encontrar un globo?.  -No tenemos que encontrarlo- respondió el ingeniero –nos haremos uno

(Continuará).


Fotografía: Henry Cartier-Bresson. 1962.
Texto: Jürgen Petschull. 1979.

Fuente: Selecciones R&D, Mayo 1980, pp 128-139; condensado
de Der Stern, 1979; © GMBH & CO, Hamburgo, Alemania.

From → Reportajes

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