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La última morada de los incas (V)

23 octubre, 2009

 Incas 9

La carretera termina en una posada pequeña y acogedora al pie de la antigua ciudad. Cuando usted ha reposado lo suficiente para reanudar la excursión en la atmósfera enrarecida que reina a 2700 metros de altura, una guia le conducirá a través del laberinto de templos y casas que constituyen  Machu Picchu.

Por las calles silenciosas parecen desfilar los fantasmas de reyes y reinas ricamente ataviados, de sacerdotes, guerreros y obreros que perecieron hace siglos. Cabe imaginarse el esplendor de la aristocracia incaica vistiendo sus galas: muchedumbres con capas de lana de vicuña tejida en bellos colores y dibujos, o con ropas tan vistosas como las plumas de los pájaros exóticos que resplandecían en sus tocados y mantos.

Lo más esplendoroso de la ciudad es su magnífico conjunto de muros que rematan en punta. En el lugar más alto del lugar, donde se cree que los incas rendían culto al Sol, se levantan templos cuya construcción se considera como una de las más portentosas obras de sillería del mundo primitivo, labor de generaciones de maestros artesanos. Técnicos en materia de herramientas y métodos de construcción se congregan admirados en torno a aquellas paredes de granito y discuten animadamente en muchos idiomas. Observan que no hay dos piedras que se asemejen; cada una fue tallada para ocupar un sitio determinado, con ángulos caprichosos y protuberancias meticulosamente labradas que encajan en las contiguas como las piezas de un rompecabezas. En la construcción no se empleó mortero ni argamasa; sin embargo, es tan exacto y justo el escaque, que entre dos piedras unidas no se puede introducir ni la hoja de un cuchillo. Los constructores se valieron sólo de cinceles y pesadas palancas de bronce y tal vez de arena con abrasivo. Muchos de los bloques pesan varias toneladas y han debido de ser colocados en su sitio mediante el uso de calzos y rodillos, por cuadrillas de peones que tiraban de ellos con cuerdas hechas de bejucos. A más de un kilómetro de distancia, sobre una colina que domina la ciudad, se encuentra la antigua cantera con varios bloques gigantescos a medio trabajar que hablan de una obra inconclusa.

(Continuará).

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Fuente: Harland Manchester; El Gran Libro de Viajes de Selecciones del Reader´s Digest; 1968.

Fotografía: www.site.volia.fr

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